Tengo un par de adorables compis "pesados" que me dicen que tengo esto olvidado, que se me acumula el trabajo, así que para comenzar el año bien, vamos a retomar las buenas costumbres.
Hace unos meses un buen amigo me pidió que le escribiera algo para colaborar en una revista que publica de forma trimestral y a la que le dedica esfuerzo y mucha ilusión. Quería hacer un número de firma femenina. Así que me puse manos a la obra y junto con otras compañeras de gran calibre nos quedó algo muy interesante. Desde aquí muchas gracias a Miquel Duart por contar conmigo para este número tan especial de su Universo LQ y os animo a conocer la publicación.
https://issuu.com/universolq/docs/universo_lq_n_34
Así que sin más paso a dejar aquí el artículo, no sin antes desear para todos un Feliz Año y que sigamos cuidándonos para poder seguir disfrutando de muchos buenos momentos.
Un abrazo,
Alicia
Los
astrónomos conformamos una especie distinta , de ese tipo que es
capaz de pasar la noche pasando frío con los ojos en un telescopio,
de esa que recorre kilómetros para encontrarse con cielos oscuros y
hace largos viajes de ida y vuelta en una noche, de la que se levanta
a horas intempestivas para disfrutar de un especial evento celeste,
o se sumerge durante horas en una pantalla intentando desvelar la
belleza que no tenemos a nuestro alcance inmediato, asumiendo que a
veces nuestros ojos resultan una herramienta pobre para poder captar
toda la verdadera grandeza de lo que no tenemos en un entorno
cercano.
Pero
además, dentro de todo esto, las mujeres somos escasas en este
campo, aún más en el de la astrofotografía.
La
astronomía es una de las pocas ramas de la ciencia donde se pueden
hacer aportes tanto desde el mundo profesional como desde el del
aficionado. Esto la hace muy atractiva, teniendo en cuenta además
que nos acerca a grandes preguntas existenciales: ¿estamos solos?
¿qué hay más allá, en el infinito? ¿cuáles son nuestros
orígenes?... y a grandes respuestas, puesto que nosotros mismos
“estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas”.
Fotografiar
el cielo contribuye a ofrecer repuestas a parte de esas preguntas
porque nos permite trascender a los sentidos. La imagen nos revela el
color de las estrellas, que nos da información sobre sus estados
evolutivos; nos revela nebulosas inaccesibles a nuestros ojos, cuyas
formas caprichosas conforman guarderías estelares, masas de gas que
se iluminan mostrándonos la fuerza de fenómenos naturales que
suceden a billones de kilómetros y que además tuvieron lugar en
tiempos remotos. Porque otra de las grandezas de la astrofotografía
es que nos permite ver más allá del espacio y del tiempo,
permitiéndonos ese extraño viaje al pasado.
La
fotografía es un arte, la astronomía es una ciencia. Cuando se
combinan ambas no sólo unimos arte y ciencia complementando de forma
esencial cada una de estas dos disciplinas; cuando unimos el término
“astro” al de “fotografía”, estamos añadiendo un
componente de gran peso tecnológico que debemos incorporar a nuestra
base de conocimiento personal.
Leía
hace poco de alguien que es un referente para mí que la
astrofotografía es un arte interdisciplinar, y que la persona que
quiera dedicarse a ello debe tener conocimientos en múltiples ramas
para poder llevar a buen puerto el proyecto que tiene en mente. Si
tenemos esa información con nosotros, si disponemos de esa cultura
multidisciplinar, podemos hacer siempre una lectura más profunda de
lo que en realidad estamos afrontando.

Entendamos
para empezar que astrofotografía no es fotografía de paisaje
nocturno, sino la que se centra exclusivamente en el cielo como
temática. Para llevarla a cabo, se utiliza un equipo muy distinto al
usado en cualquier otra rama de la fotografía. Las cámaras
normalmente son específicas, y en vez de utilizar objetivos y
trípodes nos valemos de telescopios y monturas motorizadas. Hablamos
de conseguir imágenes de cielo profundo que, debido a la escasa
luminosidad que tienen estos objetos y a la enorme distancia a la
que se encuentran, nos obligan a realizar gran cantidad de tomas de
larga exposición sobre monturas que deben ir haciendo un seguimiento
al movimiento del cielo. Las cámaras que solemos utilizar son
monocromáticas en su mayoría, por lo que debemos trabajar con
filtros con los que vamos discriminando las partes del espectro que
nos interesa.
Hasta
aquí estarán conmigo en que no hay nada en lo dicho anteriormente
que predisponga al masculino o el femenino. Conozco a muchas y muy
buenas compañeras astrónomas, aunque es verdad que la presencia de
la mujer en la astronomía (al igual que en la mayoría de carreras y
aficiones científicas) sigue siendo minoritaria.
En
astrofotografía estamos constantemente trabajando con programas y
electrónica. Cuando llegamos al campo montamos el equipo, ponemos
en estación, organizamos los cables, encendemos el ordenador… y
¡empieza la diversión!
Y
es aquí, quizá, donde algunas compañeras ven problemas y se les
hace muy cuesta arriba. Es todo el apartado tecnológico, en mi
humilde opinión, el que intimida a aquellas que se empiezan a
acercar a este campo y terminan siendo abatidas. Pero todos
necesitamos darnos el tiempo suficiente para conocer cómo trabajan
nuestros instrumentos, lo que hará que podamos dedicarnos a
encontrarnos con el cielo y fotografiarlo a nuestro antojo. Entonces
es cuando empezaremos a disfrutar.
En
resumidas cuentas, la astrofotografía es fascinante, pero hay que
estar muy enamorada de ella y dotarse de una gran dosis de paciencia
para tratarla. Y lo que sí es fundamental es que hay que perderle el
miedo a la tecnología y la electrónica que lleva asociadas, que son
en mi opinión los principales obstáculos que encuentran las mujeres
que en algún momento empiezan a acercarse tímidamente a este “lado
oscuro” de la astronomía y hacen que terminen alejándose poco a
poco. Tenemos mucho que aportar a este arte, somos distint0s
afortunadamente, miramos distinto e interpretamos diferente. Esta
diferencia en las perspectivas enriquece inevitablemente cualquier
disciplina.
A
lo largo de la historia, la mujer ha tenido que trabajarse duramente
su lugar en el mundo de la ciencia y la técnica. Han tenido que
crecer de forma lenta y pausada esas gigantes para poder alzarnos
hasta donde estamos, y es nuestro legado seguir recorriendo el
camino. Afortunadamente existe mucho compañerismo en esta afición,
una de las cosas que la hace tan bonita y tan grande, por lo que
siempre hay quien presta ayuda y cables cuando se necesitan, da igual
que seas chico o chica.
Fue
la mujer astrónoma quien tuvo la paciencia y la constancia de
estudiar el color y los cambios de brillo de las estrellas con los
medios de los que disponía a finales del S. XIX, ¿qué no seremos
capaces de hacer con los medios que tenemos hoy? Y la emoción de
ver formarse entre tus manos por primera vez una nebulosa o una
galaxia después de la lucha contra los “elementos” es algo
indescriptible. ¿En serio te lo quieres perder?
Para
saber más os animo a buscar sus trabajos:
Maritxu
Poyal Viúdez
Ana
Moya Fernández @anam2fernandez
Guadalupe
Fernández Vega https://www.flickr.com/photos/145166433@N06/
Marina
Prol @marprol
Stacey
@astrostace
Sara
Wager @swag_astro
Vicki
@superlunarchick
Cristina
Cellini
Wanda
Conde-Silva
Debra Ceravolo
https://www.astrobin.com/users/debraceravolo/
Molly
Wakeling http://www.astronomolly.com/
Referencias:
“Fotografiar
lo invisible” Vicent Peris, 2020
https://astroaficion.com/2019/02/11/una-reflexion-sobre-las-mujeres-astroaficionadas/
https://blog.cielosboreales.com/colores-mujeres-y-astronomia/